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Smart Cities

Residuos que valen: la oportunidad de gestionarlos mejor

Qué es la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) y cómo puede convertirse en una alianza entre empresas, municipios y recicladores para cerrar el ciclo de los envases en Argentina.

Pila de envases plásticos clasificados en una planta de separación de residuos

Informe · Junio 2026

Cada día, Argentina genera cerca de 45 mil toneladas de basura. De ese volumen, sólo entre un 3 y un 6% vuelve al circuito productivo. El resto termina enterrado en rellenos sanitarios o, en el peor de los casos, en alguno de los aproximadamente 5.000 basurales a cielo abierto que el propio Estado reconoce. Cerrar esa brecha tiene un nombre técnico: Responsabilidad Extendida del Productor (REP), la herramienta que todavía falta en Argentina — y que puede convertirse en la oportunidad para alinear a empresas, municipios y recicladores alrededor del mismo objetivo.

1. El dato de partida

El volumen del problema se mide en pocos números, pero ninguno menor:

  • ≈45.000 toneladas/día de residuos generados en Argentina.
  • 1,15 kg por habitante por día en promedio.
  • 3 a 6% es lo que efectivamente vuelve al circuito productivo, según el Círculo de Políticas Ambientales.
  • ≈5.000 basurales a cielo abierto reconocidos oficialmente.

Esos basurales no son un problema abstracto: contaminan el agua que después se usa para tomar o regar cultivos, y al descomponerse generan gases que afectan la salud de quienes viven cerca y contribuyen al calentamiento global. La distancia entre lo que se descarta y lo que se recupera es enorme, y es donde aparece la oportunidad de cambiar el modelo.

2. ¿Qué es la REP y por qué es una oportunidad?

La REP propone un cambio de modelo. Hoy, la gestión de lo que se descarta depende casi por completo de los municipios, que pagan con fondos públicos la recolección, el transporte y la disposición final. La REP invita a las empresas que ponen envases en el mercado a involucrarse en esa segunda mitad del ciclo, con ecodiseño, logística de retorno, reciclaje y valorización — y a convertir ese proceso en una inversión propia, con beneficios concretos: mejor reputación de marca y más eficiencia en el uso de materiales.

No es una rareza: es el estándar regional. Brasil, Chile y Uruguay ya tienen legislación REP, con aumentos de envases reciclados desde su implementación. Argentina todavía no cuenta con un marco general: la única excepción es parcial, la Ley 27.279 de 2016, que incorporó la REP solo para los envases vacíos de fitosanitarios. El resto del universo de envases —el que llena cualquier cocina— sigue sin regulación, y por lo tanto también sigue sin un modelo claro de oportunidad de negocio.

3. Una red que ya existe: la oportunidad de formalizarla

El reciclaje que hoy funciona en Argentina lo sostiene, en gran medida, el trabajo de cartoneros y cooperativas. Según la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCyR), más de 150.000 personas se dedican a recuperar materiales reciclables en el país, y juntas recolectan al menos 200.000 toneladas por mes.

Esa es una base operativa que ya recorre los barrios, conoce los circuitos de cada material y mueve un volumen considerable de residuos todos los meses, aunque sin financiamiento ni infraestructura formal. Para una empresa o un municipio que buscan avanzar hacia la REP, esto cambia el punto de partida: no hace falta construir un sistema de recuperación desde cero, sino fortalecer e integrar una red que ya está en marcha, mediante inversión en infraestructura, capacitación y otras formas de contratación.

La oportunidad aparece con claridad: una alianza entre lo público y lo privado. Los municipios conocen el territorio y a quienes recuperan los materiales; las empresas pueden aportar financiamiento, tecnología y escala.

Los proyectos que en Argentina se conocen como «Ley de Envases con Inclusión Social» plantean justamente eso: que el sistema de gestión incluya y formalice a quienes ya hacen la tarea, en lugar de crear una estructura paralela. Y esa alianza no tiene que esperar a que exista una ley nacional. Mientras se avanza en el marco normativo, hay margen para fortalecer lo que ya funciona: relevar con métricas reales —volumen recuperado, costos, eficiencia por circuito y por barrio— el trabajo que hoy hacen cooperativas, plantas de separación y programas municipales. Esos datos son los que permiten identificar qué prácticas conviene fortalecer y escalar, y cuáles todavía no dan los resultados esperados, antes de invertir en ellas a mayor escala.

4. Una oportunidad para construir en conjunto

El reciclaje de plástico ya muestra que se puede crecer fuerte incluso sin un marco REP: se multiplicó por cinco en los últimos 20 años. Con una ley que ordene y financie el sistema, ese crecimiento podría acelerarse y extenderse a otros materiales.

El terreno para avanzar está más preparado de lo que parece: hay una red de recuperadores con experiencia y volumen, hay municipios que necesitan aliados para gestionar mejor sus residuos, y hay empresas que pueden encontrar en la economía circular tanto una respuesta ambiental como un negocio con proyección a futuro. La pregunta que queda abierta no es solo si conviene una ley REP, sino con quién, cómo y con qué evidencia: qué alianzas entre Estado, empresas y cooperativas, sostenidas en métricas reales de recuperación, pueden hacer que el sistema funcione mejor que el actual.

Nota metodológica

Las cifras de generación (≈45.000 t/día) y de reciclaje (3-6%) provienen de fuentes oficiales y de organizaciones del sector; conviven con estimaciones algo distintas según la fuente y el año. Esa misma dispersión refleja una deuda pendiente: Argentina todavía no cuenta con estadísticas centralizadas y actualizadas sobre sus residuos.

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Por Equipo Cardinal